Prêt-â-Porter
Concurso SIKA [2016]



Somos los habitantes, los que damos vida y generamos con toda nuestra actividad lo que conocemos como ciudad. Pero todos somos diferentes, no todos tenemos los mismos gustos, como tampoco pensamos de la misma forma. Aunque las grandes empresas nos inciten a vestir igual y casi de una forma sutil, nos invitan a pensar de la misma forma.

Son las diferencias y el respeto a esas diferencias, las que nos hacen convivir en una democracia. Una ciudad en la que todos piensan y visten igual, es una ciudad donde se ha negado el derecho de libertad de expresión y se ha generado un totalitarismo.

Una de las muchas cosas que hizo el movimiento moderno en la arquitectura, fue eliminar todo rastro de elemento decorativo de la arquitectura. Generando una arquitectura que siguiendo el canon vitruviano, fue una arquitectura más utilitas que vetustas. En terminos de moda lo podriamos llamar Arquitectura Normcore, una arquitectura con un outfit de lo más normal posible, sin extravagancias.

Pero eran esas extravagancias las que en otros tiempos comunicaban cosas hacía los usuarios de la arquitectura. La arquitectura Barroca comunicaba, lo que pasaba en esos edificios, a traves de sus retablos de fachada. Como bien se dice, una imagen dice más que mil palabras. Ya que muchos de los habitantes eran analfabetas, y atraves del retablo se podían enterar que era o quién había hecho la obra.

¿Pero ahora hay necesidad de comunicar? ¿Qué queremos comunicar? ¿Quién vive ahí? -como se llamaba aquel programa televisión de sobremesa-. Pero yo me pregunto, ¿comó vive ahí?

Facebook, Twitter, Instagram o snapchat, ya nos exponen frente al mundo, al menos de una forma virtual.

¿Pero en la realidad nos interesa esa exposición?

Es apartir de esta serie de ideas que se genera el proyecto y como si se tratara de un tratamiento de peeling arquitectonico, con el objetivo de cambiar y mejorar la imagen de la ciudad desde lo visiblemente público de una ciudad, sus fachadas. Ya que las fachadas comunica tanto como protege.

Se realiza una ordenanza de fachadas en la cual dicta:

“El ayuntamiento da empoderamiento a la ciudadania sobre su entorno, desde su propio hogar. Inscribiendose en el programa de renovación de fachadas “tu fachada, tus reglas”.

Será la o el ciudadano que elija que y como quiere su fachada. Aceptando el desmantelamiento de su antigua fachada o buscar el consenso con la comunidad de vecinos para poder cambiar toda la fachada del edificio de viviendas.

Apoyandose en una subestructura con el sistema SikaTack® Panel y una serie de paneles sandwich con la decoración que uno quiera exponer al exterior.”

La ordenanza afectará solamente a las fachadas de viviendas, ya que se entiende que es desde la vivienda donde se genera la verdadera arquitectura, siendo el reflejo de una sociedad abierta y expuesta en la que vivimos actualmente.

Las fachadas tendran la capacidad de evocar tanto la presencia de las cosas presentes como las pasadas, al igual que evocan también las presencias, vivencias y recuerdos de las personas que los han habitado y recorrido. Habitar es vivir un espacio, es usarlo y es aprehenderlo. Habitar significa dejar huellas, decía Walter Benjamin. Habitar un espacio es apropiarse de él y las huellas que en ellos dejamos solo son visibles para el que las deja y no son transferibles.(1)

Se propone que la arquitectura debería tener esa capacidad de ser cambiada en el tiempo dependiendo de la moda o el clima, como lo tiene la ropa. Porque no usamos gabardinas en la playa como no decimos “En la temporada de verano 2015/2016 se lleva el ladrillo perforado aparejado a panderete”.

La finalidad es una busqueda de un equilibrio entre la cultura popular de la sociedad y la sobreintelectualización de la arquitectura contemporanea, empoderando al pueblo con que todo es arquitectura y todos son arquitectos.


(1) Mi casa es mi castillo | Jorge Meijide [2016]







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Rafael Cubillo Bravo
rafaelcubillo@gmail.com